Crítica de ‘Pollo con ciruelas’: azúcar para niños grandes
Martes, agosto 7th, 2012
Amelié en el país de las maravillas
Jean Pierre Jeunet tomó con Amelié cicuta que olía a canela. La potencia visual de su imaginario fílmico se ponía por primera vez a disposición de un terreno alejado de la fantasía onírica de Delicatessen o La ciudad de los niños perdidos, así como de la fábula de terror de Alien Resurrección, trasladando su peculiar universo naïf a un París contemporáneo que se convirtió en el semillero del que emanaría un ejército de modernas y lacerantes reivindicadoras de una imagen original que habría de repetirse hasta la náusea.
Hasta la pelotas acabamos muchos del fatigante corte de pelo de la dulce Amelié Poulain; hasta las narices de la cara de imbécil que blandía como acero templado Audrey Tautou —aún hoy, esos morritos de pato caricato sostienen la fuerza dramática de la sosita gala—. Y ni hablamos del score escrito por el compositor que hizo del acordeón el sonido de Satanás, el inefable Yann Tiersen, una partitura que fue tan chisposa y resultona en sus primeros compases ante oídos vírgenes como irritante ante la enésima reproducción en el hilo musical de teterías de aburrido espíritu urbano.
Pero no hemos venido a hablar de Amelié, sino de Jeunet, un señor que a pesar de haberse malogrado, supo recoger y actualizar el legado de un tipo de cine germinal que hunde sus raíces en la magia de Meliés y que, de algún modo, infecta a la primera incursión de los viñetistas Marjane Satrapi y Vincent Paronnaud, Pollo con ciruelas, en el terreno del cine no-animado —que no inanimado—. Salvando las distancias del que para muchos es un título tan erróneo como dispuesto a la charanga —Pollo con almendras, Sopa de pollo, y otros más soeces que puedes ejecutar con corta y pega reflexivo—, la entrada de este tándem de dibujantes en la imagen real —¿imagen real?— ha resultado tan estimulante como sorprendente, a pesar de una serie de excesos que requieren de un figurado omeprazol con el que mitigar la ardentía que puede provocar el carrusel al que invitan a montar los directores y guionistas de la película.

