Crítica de ‘Un cuento chino’: nada es imposible
Lunes, junio 20th, 2011
Un momento irrepetible
Una casualidad es casual, pero no por ello menos especial. Ni menos necesaria. Una porción única y exclusiva de existencia que se pierde, y de la que sólo perdura la estela, el surco en la arena, de quien pudo verla, sentirla, vivirla y saborear el agridulce néctar que emanó de esa herida en la realidad, justo antes de empezar a cicatrizar.
Casualidad es el nombre que no se escribe en esta película, Un cuento chino. Una fábula multicultural que sobrevive dentro y fuera de su propio mundo en un oasis que se resiste a la modernidad, la tecnología y el vertiginoso mundo que le rodea. Como le ocurre a su propio protagonista, Roberto. Ese ermitaño, anacoreta y cascarrabias que regenta una ferretería; meticuloso, rutinario, gris y nostálgico. Un cazador de momentos imposibles, de ironías perversas. De chistes helados contados por la providencia. Un tipo normal y corriente. Solo y solitario. Flagelado por su propia melancolía. Un observador lejano de casualidades que acaba siendo el centro sobre el que pivote una: un muchacho chino que, por obra y milagro de una carambola del destino, acaba con sus huesos instalados en la vida monótona de este ferretero.

