Ricky Gervais, ¿presentador de los Oscar 2011?

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Si hubiésemos acercado la oreja al pecho de Ricky Gervais justo antes de su cáustica presencia en la entrega de los Golden Globe 2011, habríamos percibido un suave tic tac. Nada de marcapasos; ni siquiera el reloj de un olvidadizo cirujano: quizás se tratase de esa bomba de relojería a punto de estallar y que impregnó a todo el star system de Hollywood.

Como un crío envenenado por la violencia catódica que encuentra el relax en la decapitación selectiva de la colección de Barbies de su hermana pequeña, Gervais actuó como un francotirador, paladeando cada una de sus mordaces opiniones. No es extraño saber pues que el guionista de The Office no repetirá como maestro de ceremonias en futuras ocasiones. Pero, ¿que pasaría si su presencia en los Oscar 2011 acabase confirmándose?

Hollywood es un animal traicionero, cruel y despiadado. Pero no es estúpido. A la segunda industria cinematográfica del mundo (la primera es la ubicada en India) no le justan los herejes. Al menos, no los que se demuestran desbocados, como el caso del procaz escritor y comediante.

Mucho nos hemos divertido escuchando los improperios que le dedicaba a la espantosa El Turista, o la mala uva que se gastó con Bruce Willis o Tim Allen. Pero, ¿es realmente justo que este chico saque a la luz toda la basura de Hollywood aprovechando un evento autopromocional como los Globos de Oro?

Joyas como el brutal bofetazo verbal que el endosó a Tom Cruise al sugerir que era un homosexual que se hace pasar por hetero, o el recadito que le dejó al jurado del evento con insinuación de soborno incluida, suponen excelentes argumentos parareivindicar a este juglar. Sin embargo, tanto cinismo puede resultar repulsivo. ¿Sería posible que la pluma de este justiciero de lengua afilada fuese selectiva por alguna razón en concreto?

Cierto es que un punto de ácida cañita le viene muy bien a la Meca del cine cada vez que reúne a sus miembros para darse premios entre sí (en un ejercicio de endogamia autocomplaciente que es harina de otro costa). Pero lo de Gervais ha sido un punto y aparte en este género. De hecho, interesaría saber si la cascada de ingenio doliente estuvo acompañada del coherente rechazo del cheque por los servicios prestados, o el cómico se acabó convirtiendo en la misma puta desmaquillada que de la que se mofó. Me refiero a la propia industria.

Mola ser el gracioso de la clase. Y sin duda Ricky Gervais es brillante para eso y para mucho más. El problema es que verbalizar lo que todo el mundo cuchichea en los mentideros acaba convirtiendo al autor de la arenga en una repulsiva figura con más autosufiencia que inteligencia.

Y no. No presentará los Oscar 2011.

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