Invictus: carrusel de discursos y la falsa película deportiva

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Un conjunto algo tibio

Empecemos por el final. Como los guiones. Cuando termina esta buena película, no tienes esa sensación de obra redonda. Ese cosquilleo y ese nudo en la garganta que aún persiste desde Gran Torino, Mystic River o Million Dollar Baby (uff… o Los puentes de Madison, qué barbaridad). No. En Invictus no queda ese remanente. Principalmente, creo que es por dos razones.

Ahí viene otro…

Primero, la molesta insistencia en pintar de solemnidad algunos pasajes con los colores de un discurso épico. Cada vez que Mandela reúne a un grupo de personas y los alumbra con su sabiduría, su templanza y su misericordiacon un pequeño contrapicado y la horrible música de Kyle Easwood(retoño de Clint), me echaba a temblar. Sí, Madiba (nombre tribal con el que se refieren a Nelson Mandela) tiene carisma, y sé que lo que dice es cierto, aunque todo el mundo a su alrededor sea imbécil y no se de cuenta. Pero eso queda claro en su primera intervención pública. No me sigas machacando con eso, Clint…

¿Rugby? ¿Mande?

Segundo, el rugby es un deporte prácticamente desconocido. En España, al menos. De doy un rato para que te me tires a la yugular si eres seguidor de este noble deporte de hooligans jugado por caballeros (sic), y continúo.

Ok, continúo.

Decía, el rugby es una disciplina que la mayoría ignoramos. Es así. Invictus no es ni una película deportiva ni, por supuesto, una película sobre el rugby. Pero aún sin serlo, el rugby es algo que está presente durante el relato y que, para colmo, marca el ritmo del clímax final de la película. Creo que es por eso por lo que no hay en Invictus una salida triunfal de la sala de cine, y si no fuera por la coda final (que, por otro lado, me recordó al epílogo de otra gran cinta, Michael Clayton), pensaría que he asistido a una de las obras menores de Eastwood.

Metro a metro

Una vez separado el grano de la paja, puedo decirte que Invictus es una peli que se hace grande donde mejor trabaja Clint Eastwood como director: en las sutilezas. Al igual que en el rugby, el tanto no está en la jugada, sino en la evolución paciente, dolorosa e inadvertida. Toda la película está contruida sobre esa idea: la de avanzar metro a metro para anotar el tanto de la victoria y no echarse nunca atrás.

Desde que Mandela ve a los Springboks por primera vez hasta que los “conduce” a la final del Campeonato del Mundo del 95, Madiba recorre una distancia que Eastwood testimonia como sólo és sabe hacerlo. Las sutilezas se hacen más evidentes en la secuencia en la que el pequeño niño negro se acerca a un coche de la policía con disimulo ante la fulminante mirada de los agentes para acabar todos fundidos en un abrazo. El montaje funciona, en este sentido, muy bien, aunque llegados este punto Eastwood abandona su libro de estilo para hacerse más convencional: no en vano, la secuencia final bien podría estar sacada de cualquier película de pretensiones épicas.

Under my skin

A Morgan Freeman le sienta muy bien la bondadosa piel de Mandela. Igual podríamos decirlo de Matt Damon en el papel que mejor le va: el de pijo de clase alta que tiene la oportunidad de mancharse las manos por una vez en su acomodada vida. Clint Eastwood es un excelente director de actores, y eso se nota. En el caso de Freeman, su propuesta de Mandela es casi hipnótica, y la parsimonia de sus gestos consigue arrastrar los años de cautiverio y el desdén por el rencor que requiere el personaje. La química entre actor y director debe haber facilitado un camino tan bien recorrido.

¿Sí o no?

En fin, a tí lo que te importa supongo que es si merece la pena o no ver Invictus. Incluso en horas bajas (que no es el caso), siempre es interesante ver una peli de Clint Eastwood. Es un director de oficio, más que académico, y eso se nota en el tono directo y sanguíneo de sus films. Si eres de los que entra en el juego de una película emotiva sin que necesites mucho esfuerzo, vas a disfrutar de Invictus. Si por el contrario sabes guardar la distancia cuando un film intentar cortejarte, quizás en algunos momentos bajes la guardia sin darte cuenta, pero en conjunto sabrás deshacerte de Invictus cuando haya pasado un cuarto de hora tras salir de la sala del cine.

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