La herencia Valdemar: avance (porque el que avisa no es traidor)

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Crítica al estilo díptico: primera parte

Porque es lo que me espera. Hoy trataré de ver La herencia Valdemar, película española avalada por los más de 13 millones de euros de presupuesto que han salido del bolsillo de su acaudalado director, José Luís Alemán.

Anoche me previnieron de la película como quien es advertido de un mal antiguo y primigenio en las novelas de Lovecraft que La herencia Valdemar toma como referencias. Donde en aquellas decían “no te adentres más allá del sello de R’lyeh, yo escuché “al loro, que menudo truño te vas a tragar”. Después de informarme un poco, me temo lo peor.

La herencia Valdemar se sube al carro del timo que puso de moda Quentin Tarantino. Filmar una película como un díptico en el que, por supuesto, debes pasar dos veces por caja para conocer el relato entero. Detesto ese recurso para sacar pelas del ya extorsionado espectador (precios de infarto por entradas, salas en las que parece que compartirmos estancia en el salón de la casa de un desconocido, hipertrofia publicitaria antes de la proyección…), y por supuesto, he buscado copia de descarga (ley de mercado, señor Alemán: si usted me intenta tomar el pelo dejándome a medias, yo me busco la vida).

Pero mi gozo en un pozo. Reconozco que voy a ir con la escopeta cargada. No sólo por eso: la presencia de Aleister Crowley interpretado por Francisco Maestre con esa voz dada al humor casposo me parece que va a hacermepitar los oídos. Lo que va a estar genial, seguro, es el best of the best que nos brindará la presencia de Bram Stoker o el propio Lovecraft entre los personajes del flashback victoriano que compone el grueso de esta primera entrega.

Menudas pelotas las del señor Alemán. Lo que es tener pelas para hacer lo que te dé la gana…

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