González-Sinde responde al mundo desde El País

La Ministra ha hablado

La señora González-Sinde ha elevado sus proclamas por fin. Ha sido a través del diario El País. Aquí puedes leer su texto. La tesis de su argumentario es sencilla: esa entelequia de rostro difuso que se conoce como el internauta se equivoca de enemigo, que ella sabe localizar en la gente de la cultura. Didáctica y aleccionadora, la Ministra no señala con la misma firmeza cuál es, a su parecer, el enemigo en la sombra que, según añade, se hace más fuerte con las embestidas de los usuarios a los creadores usando como proyectiles las polémicas descargas.

Pero aún es más: González-Sinde sigue apostando por los derechos de autor como el héroe solitario que sufre los daños de nuestro tiempo. Y cuidado, que tiene a Cervantes de su parte. Hasta el siglo XVII se retrotrae la titular de Cultura para apoyar su planteamiento. Nos hace asistir a un desfile de referencias que sostienen que Internet no ha inventado la transgresión de la propiedad intelectual. A lo que se le puede responder de forma lacónica y concisa. Señora Ministra, no somos tan gilipollas: es algo que sabíamos antes de que se lanzase a hacer aspavientos con su erudición.

El modelo de negocio

No es un argumento necesariamente generalizado. Que cada uno barra para su casa, que para eso tenemos la escoba. Pero yo creo que el debate no puede estar en la defensa o liberación de los derechos de autor. Ya estamos mayorcitos para decidir qué hacer cada uno con nuestras creaciones. Y existen modelos de registro para ello.

El problema es otro. Al menos, en nuestro país. Reduzcámoslo todo a su mínima expresión. ¿Descargas sí o descargas no? Descargas sí. ¿Gratis o de pago? Que decida el autor. Creo que no es tan difícil de entender.

La cuestión llega cuando el autor quiere cobrar por su trabajo. ¿Existe en España un mercado para las descargas de pago? Sí, aunque esta es una respuesta más basada en la intuición que en la certeza. Y esto es así porque no existen canales bien definidos y estructuradospara establecer una comparación fidedigna. Cierto que hay servicios que, con más o menos fortuna, confirman la buena salud de los contenidos digitales de pago (Filmin o Spotify, verbigracia), pero la infraestructura online del mercado de la cultura está en pañales. Y no es difícil imaginar las razones.

Vivir en el presente

La señora Ministra alude a tiempos pretéritos para sostener su postura en la polémica. Error. Y gordo. El hoy se escapa entre los dedos, y no podemos acomodarnos en fórmulas anteriores para anticiparnos a las necesidades que están por llegar. El cine y la música necesitan estar en Internet. La demanda es real, y sin embargo, se zancadillea constantemente la creación de unos canales de distribución de calidad en la red.

No dudo que los editores, exhibidores y distribuidores de los medios tradicionales tienen mucho que perder en este asunto. Y es más que probable que esté ahí el problema. Pero así son las cosas: la adaptación al medio es fundamental. De no ser así, aún estaríamos usando cámaras de carrete fotosensible, por ejemplo.

Señora Ministra: menos monsergas. Derechos de autor sí, para quien los quiera explotar. Pero siguiendo su línea de argumentación, hemos de decirle que lo cortés no quita lo valiente. Y los derechos de autor son perfectamente compatibles con unos canales de distribución y exhibición en Internet que, métaselo en su cabeza si hace el favor, la población ha sido clara en su requerimiento.

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