Crítica de ‘La posesión de Emma Evans’: el satanás raya mazo, tía

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Renovarse o morir

O exorcizarse. No queda otra. El subgénero de exorcismos no da para mucho. Demonio conoce a chica (¿por qué hay tan pocos posesos en el cine, a parte de la herética aportación de Alex de la Iglesia en El día de la bestia?), chica es poseída por demonio, demonio la lía parda en los adentros de la chica, chica monta un cirio de cuidado, exorcista se enfrenta a sus demonios, chica se libera. O no.

En esta ocasión, Julio Fernández, que valientemente se ha atrevido a crear una marca de cine español de terror (con buen tufillo de importación), produce un filme que, siguiendo su producción habitual, se la juega al filo de la navaja, ante el precipicio por el que se pasea sin miedo a caer en el más absoluto de los ridículos. Y vuelve a salir victorioso. Aunque no haya firmado una película que vaya a permanecer en la memoria de los espectadores.

¿Tres son multitud?

El principal aliciente de La posesión de Emma Evans es que se lleva el manido y casi rural asunto de los exorcismos a un entorno muy actual y urbano. Emma Evans es una joven de quince años que podría ser parte de la troupè de Física o Química. El suyo es un conflicto tan simple como habitual: el anhelo de libertad que todo adolescente dificilmente podría administrar con cautela y madurez.

Al otro lado del arco argumental, una familia que ejerce un control silencioso sobre la chica: recibe formación académica en casa por parte de su padre, se ve obligada a cuidar de su hermano pequeño ante las responsabilidades laborales de sus progenitores y recibe negativas ante viajes a la capital para ir a ver los conciertos de sus grupos de música favoritos. Y entre ambos, un pariente eclesiástico católico que se libró de problemas con la justicia al resguardarse tras la sotana y el alzacuellos.

Pánico en la sala de montaje

El cóctel se hace interesante pasados los primeros 30 minutos de película. En esa media hora, el director de la cinta se complica la vida más de la cuenta, intentando darle un empaque visual al conjunto que le hace más mal que bien. Por otro lado, el montaje asincopado e innecesariamente caótico mete al espectador en un gazpacho de imágenes y escenas que le dificultan enormemente zambullirse en una trama que, sin embargo, con un estilo más clásico, podría haber resultado más atractiva.

Si buscas una peli de terror al uso, no acudas a ver La posesión de Emma Evans. Hay más drama que horror en los personajes de este filme, y a pesar de que el delirio del acto final de la cinta empaña las secuencias reivindicables de esta obra, el resultado global no pasa de ser un formato más o menos telefilmero con intenciones de hondura.

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