Avatar: Bailando con lobos infográficos o La revolución del Titanlux

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¿Fue Matrix una revolución?

La tercera, al menos, lo fue en su nomenclatura (Matrix Revolutions, una clara alusión, creo, a las pretensiones iniciales de la franquicia). La primera, hoy día es inevitable reconocer que lo fue. En su momento, todo el mundo lo sostenía sin titubeos. Una pequeña porción de aficionados al cine lo negaba taxativamente.

Yo entonces lo negué. Y lo sigo negando.

Avatar recuerda el caso de Matrix.

Avatar estaba llamada a revolucionar la historia del cine. A marcar la línea que rubricaron el sonoro y el technicolor. Será que no tengo muy claroqué implica una revolución.

Porque yo no he visto nada nuevo.

Avatar es una impresionante épica visual. Un derroche de imaginación, técnica y minuciocidad estética puesto al servicio del espectáculo. Y eso está bien.

Pero sigo sin ver la revolución.

No vamos a entrar en el contenido, porque hacerlo sería de una simpleza que aburre.

Bueno, sólo una pincelada.

Si te conmueve Avatar, si sales convencido de que pisar el césped te convierte en peor persona, si crees que hay que hacer algo para salvar el planeta, si pasas las puertas de salida de la sala de cine con la intención de asociarte a Greepeace de inmediato… no te preocupes. Se te pasará. Un par de hamburguesas y como recién salido de fábrica.

Porque si no cambiaste con Bailando con Lobos o El último mohicano, es que no tienes madera, amigo.

Y volviendo a la forma (que es lo realmente destacable de Avatar), la sensación no ha sido muy distinta a la que sentí con 300. Pero 300 llegó primero. Bien es cierto que la intoxicación de titanlux y el onirismo fosforito del universo tribal de Pandora van a permanecer en nuestras retinas durante mucho tiempo. Es justamente en la precisión quirúrgica del mundo que propone Cameron donde está la magia de Avatar.

Pero eso, amiguito, no tiene nada de revolucionario.

Eso es creatividad. La herramienta de trabajo del artista.

Me duele. Me duele mucho, mucho, mucho. Pero tengo que reconocerlo. Avatar no ha cambiado absolutamente nada. Al menos, no menos que como lo hace cualquier eslabón de la cadena a la que pertenece: la del cine-espectáculo basado en la pirotecnica visual. Eso, por supuesto, lo hace muy bien.

Incluso en ese apartado, el empaque visual multirreferencial de Matrix me parecía más poderoso que el de Avatar. Y sin necesidad de 3D.

Ay, el 3D. Ya hablaremos del 3D.

P.d: para los cruzados que blanden espadas acerca de la originalidad de Avatar, hagan búsquedas con estos dos términos: Delgo y Call me Joe.

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